Infraestructura

El hierro sobre el que corre todo lo demás

Cómputo, GPU y almacenamiento dedicados en datacenters de España y la UE. Recursos exclusivos, sin contención ni vecinos ruidosos, dimensionados carga por carga y operados por nosotros.

La pregunta no es qué tecnología, sino qué manda en tu carga

Casi todas las decisiones de infraestructura se presentan como una elección de producto —bare metal o virtualización, cabina o disco local, 10 o 25 gigas— cuando en realidad son consecuencia de una sola cosa: qué recurso es el cuello de botella de lo que vas a ejecutar. Una base de datos transaccional sufre por latencia de escritura. Un render o un entrenamiento sufren por GPU y por ancho de banda de memoria. Un parque de máquinas de oficina no sufre por nada y lo que quiere es densidad. Elegir sin haber medido eso es cómo se compra hardware que rinde peor que el que ya tenías.

La virtualización aprovecha mejor el hardware y simplifica la operación: mueves máquinas en caliente, haces snapshots, consolidas. El bare metal gana cuando importa una GPU entera, el NVMe local sin capas de por medio, la latencia consistente o el aislamiento físico por exigencia normativa. No es una elección de bando: en la mayoría de plataformas conviven, y lo normal es virtualizar casi todo y dejar en hierro puro las dos o tres cargas que lo justifican.

El almacenamiento decide más que el hipervisor, y suele llevarse menos atención. Un mismo clúster puede ir sobrado o arrastrarse según si el dato vive en NVMe local, en Ceph distribuido o en una cabina compartida por NFS o iSCSI. Cada opción cambia el perfil de IOPS y latencia, y también qué pasa cuando cae un nodo. Aquí es donde se decide si el sistema aguanta el día malo.

Y la red es lo que arruina más proyectos de los que la gente cree. El almacenamiento distribuido pone en la red el tráfico que antes iba por un cable SAS: montar Ceph sobre un gigabit compartido con el tráfico de las máquinas es la receta clásica de la frustración, y el diagnóstico llega semanas después culpando al software. Diez gigas dedicados es el suelo, no el lujo.

Preguntas frecuentes

Resolvemos tus dudas

¿Bare metal o máquina virtual?

Virtualiza por defecto: ganas densidad, migración en vivo, snapshots y una operación mucho más simple. Pásate a bare metal cuando haya un motivo concreto: GPU dedicada, NVMe local sin intermediarios, latencia que no admite variación o un requisito de aislamiento físico. Lo habitual es una plataforma virtualizada con unas pocas máquinas en hierro puro.

¿Necesito una cabina de almacenamiento o me vale el disco local?

Depende de qué quieras que pase cuando caiga un nodo. El NVMe local da las mejores cifras de latencia, pero el dato vive en esa máquina. Ceph o una cabina compartida permiten que otra retome la carga sin copiar nada. Muchas plataformas combinan las dos cosas: local para lo que exige latencia extrema, compartido para lo que exige disponibilidad.

¿Qué red hace falta para un clúster con Ceph?

Diez gigabit dedicados como mínimo, y separados del tráfico de las máquinas virtuales. Ceph replica cada escritura entre nodos, así que la red pasa a ser parte del almacenamiento. Con un gigabit compartido el clúster funciona en las pruebas y se cae de rendimiento en cuanto entra carga real.

¿Puedo empezar pequeño y crecer luego?

Sí, y es lo recomendable, pero el diseño inicial marca hasta dónde puedes crecer sin rehacerlo. Tres nodos son el mínimo razonable para un clúster con quórum. Lo que conviene dejar previsto desde el principio es la red y el esquema de almacenamiento: añadir nodos es fácil, cambiar de arquitectura de disco a mitad de camino no.

¿Dónde está físicamente el hardware?

En datacenters de España y la Unión Europea. No somos propietarios de los centros de datos: desplegamos en instalaciones de referencia —Equinix, Digital Realty/Interxion, Data4— y en datacenters de proximidad Tier III, y elegimos la ubicación según latencia, cumplimiento y a qué distancia quieres el segundo sitio.

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