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Ámsterdam sigue siendo una plaza clave para alojar infraestructura, pero el cuello de botella ya no es la red

Por Equipo Cloud Privado · · 13 min de lectura
Ilustración de la doble cara de Ámsterdam como plaza: conectividad abundante y potencia eléctrica limitada

Un vistazo en 30 segundos

  • La conectividad de Ámsterdam sigue intacta: AMS-IX marcó un pico de 15 Tb/s el 15 de abril de 2026, con 916 redes conectadas y un crecimiento del 65 % en puertos de 400G en un año.
  • Ese último dato dice más de lo que parece: la capacidad instalada creció mucho más que el tráfico total, que subió un 4 %. Ámsterdam se está preparando para más de lo que hoy mueve.
  • Lo que ha cambiado está en el enchufe. Desde diciembre de 2023 el municipio de Ámsterdam restringe los centros de datos nuevos, y según medios del sector las solicitudes que no estuvieran presentadas antes del 28 de diciembre de 2023 no optarían a licencia hasta 2035.
  • La restricción es solo del término municipal. Schiphol-Rijk, Haarlemmermeer, Diemen o Almere quedan fuera, que es donde está buena parte de la oferta que se vende como «Ámsterdam».
  • Pero la red eléctrica no entiende de límites municipales: en abril de 2026 un juez avaló que TenneT pausara conexiones en la zona de la subestación de Vijfhuizen, con solicitudes en lista de espera —una de ellas, de 70 MW, presentada en 2021—.
  • Liander avisa de escasez al menos hasta 2030 y TenneT no ve espacio adicional en buena parte de Noord-Holland en la próxima década.
  • Consecuencia práctica para quien contrata: la pregunta ya no es cuántos racks caben, es cuántos kilovatios tiene contratados y libres tu proveedor en esa sala, y qué pasa cuando pidas el doble dentro de un año.
  • Y la de siempre: puerto de 10 Gbit/s no es 10 Gbit/s de caudal, estar en la UE no es cumplir el RGPD, y dos carriers en el edificio no son redundancia si acaban en un router.

Ámsterdam lleva treinta años siendo una de las plazas donde tiene sentido poner infraestructura. La razón es de geografía de red: la densidad de operadores, la cantidad de cables internacionales que llegan a los Países Bajos y la proximidad a Londres, Frankfurt y París convierten a la ciudad en un sitio desde el que se llega bien a media Europa.

Eso no ha cambiado, y hay una cifra que lo resume. El 15 de abril de 2026, AMS-IX registró un pico de 15 terabits por segundo, con 916 redes conectadas a su plataforma de Ámsterdam. En nuestra comparativa de puntos neutros del mundo ya contamos por qué esas cifras no son un ranking de importancia, pero sí dicen algo claro: ahí hay con quién intercambiar tráfico.

Hay un detalle en las cifras del año que merece leerse dos veces. Los puertos de 400G crecieron un 65 %, mientras el volumen total de tráfico subió un 4 %. Nadie instala esa capacidad para el tráfico de hoy.

Lo que sí ha cambiado —y es lo que no aparece en los folletos— es qué limita hoy un despliegue nuevo en la zona.

El cuello de botella se ha movido de la fibra al enchufe

En diciembre de 2023, el Ayuntamiento de Ámsterdam aprobó una decisión preparatoria que frena el desarrollo de centros de datos nuevos dentro del término municipal. La asociación neerlandesa del sector la calificó de «política simbólica», con un argumento razonable: la congestión de la red eléctrica afecta a todos los sectores, no solo a los centros de datos.

Simbólica o no, el efecto es real. Según recogen los medios especializados del sector, las solicitudes que no estuvieran presentadas antes del 28 de diciembre de 2023 —o en negociación muy avanzada— no optarían a licencia de obra hasta 2035, y el ayuntamiento se ha dado hasta 2030 para volver a mirar el asunto.

Lo importante es que ese no es el límite duro. El límite duro es la electricidad.

Liander, el operador de distribución de la zona, viene avisando de que la escasez de capacidad se mantendrá al menos hasta 2030. TenneT, el operador de transporte, no prevé espacio adicional en buena parte de Noord-Holland durante la próxima década. Y en abril de 2026 un juez neerlandés dio la razón a TenneT al pausar los trabajos de una conexión en la zona de la subestación de alta tensión de Vijfhuizen, en Haarlemmermeer: el tribunal concluyó, con las pruebas encima de la mesa, que la red está efectivamente llena. Entre los solicitantes que quedaron en lista de espera hay un proyecto de 70 MW que llevaba desde 2021 intentando conectarse.

Cinco años esperando un cable. Eso es lo que hoy define el mercado de Ámsterdam, mucho más que cualquier cifra de latencia.

Qué significa esto cuando contratas, que es lo que importa

Nada de lo anterior te impide alojar tu infraestructura en Ámsterdam. Los centros de datos que ya están construidos y conectados funcionan, tienen potencia contratada y siguen vendiendo. Lo que cambia es qué preguntas tienes que hacer, porque el margen de maniobra del proveedor es hoy más estrecho que hace cinco años.

Pregunta por kilovatios, no por metros. Cuánta potencia tiene contratada el proveedor en esa sala, cuánta está usando y cuánta te garantiza a ti. Y si tu proyecto crece, si esa ampliación está ya cubierta por su acometida o depende de pedirle algo nuevo al operador de red. La segunda respuesta puede significar años.

Pregunta por la densidad admitida por rack. Un rack de 4-5 kW y uno de 15 kW no son el mismo producto, y si tu plan incluye GPU, la diferencia deja de ser teórica muy rápido. Aquí la refrigeración manda tanto como el cuadro eléctrico.

Pregunta dónde está exactamente el edificio. Que un proveedor diga «Ámsterdam» casi nunca significa el término municipal: significa Schiphol-Rijk, Haarlemmermeer, Diemen o Almere. Para la latencia da igual —son kilómetros—, pero para tu capacidad de crecer en dos años no da igual en absoluto, porque el marco regulatorio y la situación de la red eléctrica cambian de un municipio a otro.

La red: estar en Ámsterdam no es tener buena red

Este es el error clásico, y es independiente de la ciudad. Un servidor puede estar en un edificio excelente y colgar de una red con poca capacidad, con un solo tránsito y con rutas que dan una vuelta absurda para llegar a tus usuarios.

Lo que conviene preguntar antes de firmar:

  • Capacidad total y capacidad disponible de la red del proveedor, no del centro de datos.
  • Qué carriers de tránsito usa y con cuántos hace peering, y si está presente en AMS-IX directamente o a través de un tercero.
  • Redundancia de los enlaces: no dos, sino dos que no compartan camino.
  • Capacidad del puerto de tu servidor y qué pasa cuando lo saturas.
  • Qué protección frente a DDoS hay, si es automática, quién decide el blackhole y a partir de qué umbral.

Y después, medirlo. Un mtr desde donde están de verdad tus usuarios, repetido a distintas horas, aporta más que cualquier adjetivo comercial sobre baja latencia. La ruta teórica y la que acaba usando el tráfico en producción no siempre coinciden, y la segunda cambia sin avisarte.

Para hacerse una idea del suelo: entre Madrid y Ámsterdam hay unos 1.480 km en línea recta, que en fibra real se convierten en unos 2.000 km de recorrido. A la velocidad a la que viaja la luz en el vidrio, eso son unos 20 ms de ida y vuelta como límite físico, y en la práctica se ven cifras algo mayores según la ruta. Ningún proveedor va a bajar de ahí, y quien prometa menos está midiendo otra cosa.

El ancho de banda, donde las ofertas dejan de ser comparables

Un servidor anunciado con puerto de 10 Gbit/s casi nunca incluye 10 Gbit/s sostenidos. Es la capacidad física del puerto, no un compromiso de caudal.

Debajo puede haber cuatro modelos distintos, y conviene saber cuál te aplican:

ModeloQué significaDónde duele
Transferencia incluidaX TB al mes; a partir de ahí, se facturaVídeo, backups, distribución de ficheros
Percentil 95Se factura el caudal, descartando el 5 % de picosCargas con picos cortos pero altos
Caudal comprometidoUn mínimo garantizado, el resto según disponibilidadCuando el compromiso es mucho menor que el puerto
Puerto sin mediciónSin contador, con condiciones en la letra pequeñaSuele traer límites reales en otra parte

Con cuatro datos —velocidad del puerto, caudal comprometido, transferencia incluida y precio del exceso— ya se pueden comparar dos ofertas. Sin ellos, no.

Y hay una pregunta que casi nadie hace: el tráfico interno. En un clúster de virtualización, en Kubernetes, en almacenamiento distribuido o en bases de datos replicadas, buena parte del tráfico va entre tus propias máquinas. Si eso se factura como tráfico de salida, o si la red privada no está dimensionada, la factura y el rendimiento se resienten por el mismo sitio.

Hardware, crecimiento y la conversación que nadie tiene a tiempo

La configuración inicial casi nunca es el problema. El problema aparece cuando hay que crecer.

Con las CPU, el número de núcleos no compara nada por sí solo: generación, frecuencia, arquitectura y comportamiento NUMA cambian el resultado en bases de datos y virtualización más que un par de núcleos arriba o abajo. Con el almacenamiento, «NVMe» describe la interfaz, no la latencia sostenida ni la resistencia de las unidades; un lote de SSD de consumo y otro de escritura intensiva se anuncian igual y se comportan de forma muy distinta a los seis meses.

Con las GPU, la pregunta ya no es si hay aceleradores, sino qué modelos, con cuánta memoria, con qué interconexión y —esto es lo nuevo— si el centro de datos puede alimentar y refrigerar un rack de esa densidad. En Ámsterdam, en 2026, esa pregunta se responde antes en la subestación que en el catálogo.

Y luego está el plazo. La capacidad de ampliar no depende solo de que haya espacio: hace falta inventario de servidores, memoria, discos y equipamiento de red compatible. Migrar una plataforma entera porque el proveedor no puede entregar el siguiente nodo sale mucho más caro que la diferencia mensual que se intentó ahorrar al contratar. Lo hemos visto varias veces, y es una de las razones por las que la repatriación desde la nube pública no acaba en el CPD de la oficina, sino en infraestructura dedicada bien dimensionada.

Redundancia de verdad, y soporte cuando son las tres de la mañana

La resiliencia de un despliegue no la da el folleto del edificio. Dos carriers disponibles en la sala no aportan nada si toda la plataforma cuelga de un único router. Dos fibras no son diversidad si entran por el mismo conducto. Y una alimentación redundante no lo es si tus dos fuentes acaban en el mismo cuadro.

La comprobación es siempre la misma pregunta, repetida hacia abajo: si esto se cae, ¿qué pasa? Aplicada al router, al conmutador, a la acometida, a la fibra, al sistema de refrigeración y a la persona que tiene que ir a cambiar el disco.

De ahí salen dos cosas que conviene mirar con el mismo cuidado que el precio: si hay atención 24x7 con tiempos de respuesta comprometidos por escrito, y qué ocurre cuando hace falta una intervención física —qué es remote hands, cuánto cuesta y quién la ejecuta—. No es lo mismo hablar directamente con alguien que conoce tu infraestructura que atravesar tres niveles de soporte antes de que nadie toque el servidor.

El SLA se lee igual: qué servicios cubre exactamente, cómo se calcula la disponibilidad, qué se considera mantenimiento programado y qué compensación contempla. Un 99,99 % que solo cubre la electricidad del rack y no la conectividad no es lo mismo que uno de extremo a extremo.

RGPD y soberanía: estar en Europa ayuda, y no basta

Alojar en Ámsterdam mantiene la infraestructura físicamente dentro de la Unión Europea, lo que simplifica parte de la conversación sobre localización de datos.

Pero un servidor en los Países Bajos no convierte por sí solo una plataforma en conforme con el RGPD. Lo que se mira son los contratos de encargado de tratamiento, la lista de subencargados, las transferencias internacionales, las medidas técnicas y organizativas y la naturaleza de los datos tratados.

Y la soberanía exige todavía más precisión, porque la pregunta no es solo dónde están los bytes: es quién opera la infraestructura, desde qué jurisdicción se presta el servicio, quién tiene acceso administrativo y dónde viven las copias de seguridad y las réplicas. Una copia de seguridad en otro continente, o un proveedor europeo cuya matriz está sujeta a otra legislación, cambian la respuesta por completo. Lo desarrollamos en su momento al hablar de soberanía del dato y CLOUD Act, y sigue siendo la parte que más se despacha con una frase en las propuestas comerciales.

¿Ámsterdam o España?

La respuesta honesta es que depende de dónde estén los usuarios y de qué esté hecho el servicio.

Si tu tráfico es español y tus usuarios están aquí, Madrid o Barcelona ganan por proximidad y porque no hay ningún argumento de peering que compense 20 ms adicionales en cada petición. Si tu servicio es europeo, con clientes repartidos por varios países y mucho intercambio de tráfico con terceros, Ámsterdam tiene una densidad de redes que en el sur de Europa no existe. Y si lo que buscas es que el dato no salga de España por requisitos de cumplimiento o de contratación pública, la conversación se acaba antes de empezar: se queda aquí.

Nosotros trabajamos con centros de datos en España y con plazas europeas, y en la práctica el reparto suele ser mixto: la plataforma principal cerca de los usuarios y la copia o el nodo de recuperación en otra plaza, que para eso sirve tener dos.

Lo que nos llevamos

Ámsterdam sigue siendo una gran ubicación por lo mismo de siempre: hay redes, hay operadores y se llega bien a Europa. Los 15 Tb/s de AMS-IX y sus 916 redes conectadas no se improvisan en otra ciudad.

Lo que ha cambiado es el otro lado de la ecuación. Cuando el municipio restringe construcción hasta la próxima década, cuando un juez confirma que la red eléctrica de la zona está llena y cuando hay proyectos esperando conexión desde 2021, la variable crítica de tu proyecto deja de ser el precio del servidor y pasa a ser si tu proveedor tiene potencia, dónde la tiene y qué margen le queda para crecer contigo.

Esa pregunta no se responde leyendo una tabla de CPU y RAM. Se responde hablando con quien opera la sala. Si estás valorando dónde poner tu infraestructura —en Ámsterdam, en España o repartida— cuéntanos qué necesitas y te decimos con qué nos hemos encontrado en cada plaza, incluido lo que no sale en las fichas.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se aloja tanta infraestructura en Ámsterdam?

Por densidad de redes. Los Países Bajos concentran una gran cantidad de operadores y conexiones internacionales, y AMS-IX es uno de los mayores puntos neutros del mundo: 15 Tb/s de pico y 916 redes conectadas en 2026. Eso se traduce en más opciones de tránsito y de peering para un proveedor, y en buenas rutas hacia el resto de Europa.

¿Se pueden construir centros de datos nuevos en Ámsterdam?

En el término municipal, prácticamente no. Desde diciembre de 2023 el ayuntamiento restringe los proyectos nuevos, y según los medios del sector las solicitudes posteriores al 28 de diciembre de 2023 no optarían a licencia hasta 2035. La restricción no alcanza a municipios vecinos como Haarlemmermeer, Diemen o Almere, aunque la congestión de la red eléctrica sí les afecta.

¿Qué hay que preguntar antes de contratar un servidor dedicado en Ámsterdam?

Potencia contratada y disponible en esa sala, densidad admitida por rack, carriers y peering del proveedor, caudal real frente a velocidad del puerto, coste del tráfico que exceda lo incluido, plazos de ampliación, redundancia de extremo a extremo, condiciones de soporte 24x7 y qué cubre exactamente el SLA.

¿Un puerto de 10 Gbit/s incluye 10 Gbit/s de ancho de banda?

No necesariamente. El puerto indica la capacidad física máxima; lo que se factura puede ser transferencia mensual incluida, percentil 95, un caudal comprometido inferior o un puerto sin medición sujeto a condiciones. Son cuatro modelos con facturas muy distintas para el mismo tráfico.

¿Alojar los datos en Ámsterdam garantiza el cumplimiento del RGPD?

No. Significa que están en la Unión Europea, que es una condición de partida útil, pero el cumplimiento depende del tratamiento, de los contratos con encargados y subencargados, de las transferencias internacionales y de las medidas de seguridad aplicadas.

¿Cuánta latencia hay entre España y Ámsterdam?

El límite físico ronda los 20 ms de ida y vuelta desde Madrid, por la distancia y la velocidad de la luz en la fibra; en producción suele verse algo más según la ruta. Si tus usuarios están en España, ese margen es difícil de justificar salvo que necesites la conectividad europea de la plaza.

Fuentes